El pendón parroquial de Boñar

Justo es iniciar este post agradeciendo la buenísima disposición que los dos últimos párrocos de Boñar, D. Carlos Santos Vega y D. Abel Viñuela Suárez, han tenido para aguantar con santa paciencia las horas de investigación que he desarrollado en el archivo parroquial de Boñar. Y que son los artífices de que os desvele también muchas de las interioridades de nuestra historia. Mi afecto más sincero Carlos y Abel. Vamos ya al Pendón parroquial de Boñar.

Al iniciar un recorrido por los libros de cuentas de la fábrica de la iglesia de S. Pedro de Boñar la primera referencia que encontraremos es el 1 de junio de 1.606 cuando el párroco toma las cuentas al mayordomo de la misma, Juan Gutiérrez, y el apartado de Descargo éste anota 720 reales y medio por gastos de un pendón, una capa y una casulla.

Habrá de transcurrir algo más de medio siglo para que el mayordomo Pedro de Castro registre el pago de su peana, encargo realizado en piedra con un coste de doce reales.

En 1.660 visita la villa el señor D. Diego de Tapia, canónigo de la catedral de León en sustitución del obispo. Entre sus mandatos figura uno que obliga a la fábrica de la iglesia a componer el pendón; es de imaginarse que el pendón referido se hallaba en mal estado. No consta que este mandato se cumpliese pues no encontramos asiento ni de su encargo ni de gastos invertidos para ese fin ni tampoco para su constante conservación en los años siguientes.

Deberemos esperar, por tanto, hasta mediados de octubre de 1.682, para que D. Antonio Lial y Roys, comisario del Santo Oficio y visitador general del obispado, mande que, sirviéndose de las cuentas de la Lámpara del Santísimo, se compongan una cruz de plata, unas ampollas para los Santos Óleos y un pendón. Y es tras esta visita cuando se suceden varios descargos destinados a sufragar diferentes conceptos relacionados con él. En concreto, el mayordomo de la fábrica Juan Pérez, anota 248 reales dos años después. Al siguiente, será el mayordomo de la Lámpara del Santísimo y de S. Jorge, Domingo Fdez. Llamazares, quien declarará haber entregado al cura párroco 78 reales para el pendón. Finalmente, en 1.686, se pagan otros 104 reales, y doce más a la persona que lo trajo desde Madrid.

En la primavera de 1.730 se procede al apeo de los bienes, rentas (censos, misas de aniversario, sepulturas dotadas) y alhajas de la fábrica de la iglesia de Boñar ordenada por D. Francisco de Acevedo, probablemente el administrador del marqués de Astorga en esta zona, y D. Manuel de Brugos, miembro destacado de la villa. Nombran por notario de la iglesia a Antonio Sánchez, vecino de Burón. Cuando examinamos el listado de las alhajas aparece un “pendón de damasco encarnado carmesí de 23 varas nuevo con borlas”. Es decir, de más de 19 metros de longitud. Y un poco más adelante, constatamos lo que se conservaba del antiguo: “un pedazo de damasco de un pendón viejo”.
En todo el siglo XVIII, se invertirán nuevo reales y medio en el pendón nuevo - tres y medio en 1.751 y seis en 1.762 -, y otra cantidad en 1.797 que no podemos fijar pues en su asentamiento engloba lo gastado en él con las hechuras de albas y manteles, 36 reales en conjunto.
Es en la toma de cuentas de esta última mayordomía, en mayo de 1.798, cuando se asientan en la data los diversos conceptos de materiales utilizados para componer un nuevo pendón, a la sazón, se supone, el que ha alcanzado a duras penas el comienzo del siglo XXI y que será relevado con prontitud, por su “descendiente”. Pero centrados en la data que ahora nos ocupa, las partidas abonadas fueron las siguientes:
A) 704 reales por 22 varas de carmesí de Damasco.
B) 48 reales del fleco
C) 10 reales de una vara de holanda
D) 10 reales de seda
E) 58 reales y 10 maravedís de hacer el pendón, el fleco y el galoncillo
El coste total fue de 888 reales y 10 maravedís.

Por hacer dos pequeñas comparaciones con cifras de esta misma época, esta cantidad era lo que podía alcanzar, en venta, el derecho a beneficiarse durante un mes de la actividad de un molino harinero o el precio medio pagado para obtener el arriendo del abasto de carnes de Boñar por cuatro años.
El penúltimo dato registrado referido a los pendones, lo refleja en 1.895 el párroco de entonces, D. Ildefonso Valcuende. Son 3 pesetas y 75 céntimos que se pagan por la cornisa del pendón.

A comienzos del siglo XXI se renueva prácticamente por completo el pendón por su estado lamentable. Se compran vara o palo, cruceta de coronación y cordaje de los vientos. La tela de damasco y galoncillo que se puede conservar se respeta y se repara aquellos paños que necesitan una reposición completa. Sólo esta última operación alcanza los 2.400 euros.

© Juan Carlos García Caballero

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